"Un movimiento en el cual la política signifique el poder de amar, el poder de sentirnos unidos en la nave espacial Tierra", Petra Kelly
Reflexiones sobre la descentralización: Implicaciones del pensamiento político de Maquiavelo para este principio fundamental de la ideología verde PDF Imprimir E-mail
Escrito por Francisco Seijoo, profesor adjunto de Ciencias Políticas de la New York University de Madrid   

 

¿Como podemos reducir el poder y responsabilidad de los políticos, las instituciones, las comunidades y las regiones?

¿Cómo podemos incentivar el renacimiento de las culturas regionales en detrimento de una mono-cultura dominante?

¿Como podemos establecer una sociedad democrática descentralizada en la que nuestras instituciones políticas, económicas y sociales funcionen a una escala (lo más próxima al ciudadano posible) que sea eficaz y práctica?

¿Cómo podemos reconciliar el deseo de las comunidades y las regiones a tener una mayor autodeterminación con la necesidad de tener una reglamentación centralizada para ciertos temas comunes?

Partido Verde de California, “Valores esenciales”, 2010

 

Mapa político de Italia durante el Renacimiento, c. 1494

 

La descentralización en el pensamiento político verde

La descentralización es una de las recetas ideológicas favoritas de los verdes para la reforma política de los actuales estados-nación y la creación de sociedades ecológicamente sostenibles. El concepto, sin embargo, ha significado distintas cosas para las muchas escuelas de pensamiento verde existentes. Así algunos grupos verdes han apelado a la descentralización como concepto para proponer el abandono de los actuales núcleos urbanos en favor de eco-comunidades más pequeñas, y teóricamente más sostenibles, integradas en el entorno natural (Goldsmith, 1972; Bahro, 1994; Prugh, et al., 2000). Otros se han amparado en este concepto para demandar la sustitución de los presentes estados-nación por unidades políticas bio-regionales basadas en sistemas humanos culturalmente cohesionados en torno a la realidad marcada por los procesos ecológicos y capacidad de carga de los ecosistemas y no viceversa (Sale, 1985; Alexander, 1999; Davidson, 2007). Finalmente, los principales políticos partidos verdes del mundo occidental han utilizado la descentralización para defender la devolución de poder administrativo y económico a las regiones o comunidades periféricas justificando así, en algunos casos, el establecimiento de coaliciones electorales con partidos nacionalistas que apoyan demandas similares aunque con objetivos políticos finales claramente diferenciados del ideario verde tales como el ejercicio del derecho a la autodeterminación (Hamilton, 2002; Greens/European Free Alliance, 2007).

Más allá del uso ideológico y político que se ha dado al concepto de la descentralización por los distintos movimientos y pensadores verdes, esta claro que la fascinación con el concepto sigue estando firmemente arraigada en el pensamiento político verde. Un examen riguroso del pensamiento verde, sin embargo, revela que la base normativa del concepto de la descentralización es bastante endeble. ¿Por qué es deseable la descentralización? ¿Qué objetivos de sostenibilidad ecológica se quieren alcanzar descentralizando los sistemas políticos actuales? Ninguna ideología o pensador verde ofrece una respuesta clara y contundente a estas preguntas. La descentralización se ha postulado alternativamente como un remedio para los males ecológicos de los sistemas políticos centralizados, como una estrategia para trascender estructuras sociales, económicas y políticas inherentemente insostenibles ecológicamente (véase la familia patriarcal, las empresas comerciales de capital privado, los partidos políticos y el estado-nación, etc.), pero también como un método de reforma para pintar de verde las actuales democracias capitalistas que, en gran medida, necesitan de las anteriores instituciones para existir (Barry, 1999). En el actual marco teórico verde la descentralización seria así un medio y un fin para obtener la tan anhelada transformación radical de las actuales arcaicas e insostenibles estructuras sociales y políticas. Una vez transcendidos los presentes sistemas políticos y económicos mediante una estrategia descentralizadora pasaríamos a vivir, en teoría, en unas sociedades políticamente descentralizadas y ecológicamente sostenibles donde los ciudadanos tendrían mas poder decisorio sobre todo tipo de cuestiones políticas y económicas y además trabajarían y se ganarían el sustento de una manera mas ecológicamente sostenible (Daly, 2008).

La descentralización, por lo tanto, tal y como es utilizada en la actualidad por los pensadores y los movimientos verdes tiene dos vertientes: una normativa y otra pragmática. Tal como reflexiona Dobson,

Los verdes transformadores están casi en la misma postura que Rousseau: la materia prima es inadecuada para la tarea que se ha de acometer. A los verdes se les hacen preguntas político-institucionales, y tienen que responder a ellas. Si se considera a las personas (y a las sociedades que los han engendrado) tal como son, una política descentralizada parece ineficaz e ingenua. Sin embargo, si se considera a las personas (y sus modos de producción y consumo) tal y como podrían ser, la política descentralizada es la forma verde radical preferida-y para algunos de estos verdes radicales, en efecto, la política descentralizada es el equivalente ecológico del legislador de Rousseau: la fuente de transformación de la naturaleza humana (Dobson, 2000).

El objetivo principal de este ensayo es comparar el pensamiento normativo verde sobre la descentralización con las ideas sobre el concepto que tenía el que quizás haya sido el pensador político más pragmático de la historia, Nicolás Maquiavelo. Espero que a través de una yuxtaposición de ambos idearios se abra una nueva dimensión en el debate verde sobre la descentralización. De hecho, en este ensayo se revelara que el análisis de Maquiavelo nos muestra que el pensamiento verde sobre la cuestión es todavía muy incompleto ya que no se enfrenta a uno de los problemas políticos básicos a los que toda ideología política con vocación de gobierno debe de enfrentarse. Es decir, como se puede garantizar la seguridad de un sistema político en un entorno natural marcado por una cruda competición entre los distintos sistemas políticos por la supervivencia debido a la escasez de los recursos naturales necesarios para sobrevivir.

La oposición de Maquiavelo al pensamiento político utópico como base a su crítica de la descentralización

Antes de hablar de las reflexiones especificas de Maquiavelo acerca de la descentralización conviene examinar su incomoda relación con el pensamiento político utópico y normativo en general. Hasta cierto punto la base de su crítica de la descentralización emerge de esta convicción filosófica fundamental en su pensamiento. Maquiavelo se define a si mismo principalmente como un pensador político pragmático que se esfuerza en entender lo que “es” y desdeña lo que “debería de ser”. Por lo tanto, Maquiavelo es ampliamente considerado el fundador de la corriente científica dentro de la filosofía política, la que se centra más en el estudio de lo empírico que de lo teórico, junto con Aristóteles. Su filosofía política, o por lo menos eso reivindica el, se basa en el análisis de la realidad histórica y de los acontecimientos políticos contemporáneos y no en la imaginación de sociedades o regimenes deseables o utópicos en la línea de Platón.

Para Maquiavelo, de hecho, la supervivencia es la vara de medir definitiva de la bondad de todos los sistemas políticos y utiliza esta vara para declarar que el régimen preferible de todos los existentes en política es el republicano, ya que, según el, es el que mejor garantiza la supervivencia de las sociedades humanas a su cargo. Maquiavelo es republicano no por sus ideales normativos implícitos de igualdad ante la ley y justicia social si no por, como dirían hoy día los ecólogos, su resiliencia, es decir su capacidad para resistirse a todo tipo de adversidades como sistema político. En este sentido, Maquiavelo conscientemente busca el enfrentamiento filosófico con el mundo de la antigüedad y el clasicismo, la tradición utópica platónica, que el considera nefasta debido a su búsqueda del ideal en detrimento de la praxis. Esto no quiere decir que Maquiavelo desprecie totalmente el aspecto normativo del método filosófico. Tal y como hemos observado, Maquiavelo se considera a si mismo un republicano y defiende todas las virtudes y valores del republicanismo clásico tales como el patriotismo, la ciudadanía activa y la igualdad ante la ley. La base sin embargo para su defensa del republicanismo y de sus valores complementarios no es la ética sino los hechos demostrados por la historia de que las republicas sobreviven mejor a los avatares de la cambiante fortuna.

La cita mas relevante de Maquiavelo en este aspecto tiene lugar en el capitulo 15 de El Príncipe.

Mi interés consiste en escribir algo útil para el que lo quiera entender. Me ha parecido más efectivo hablar sobre la verdad de las cosas que sobre la imaginación de las mismas. Muchos han imaginado principados y republicas que nunca han existido; y es tan grande la distancia entre como uno vive y como uno debería de vivir que aquellos que olvidan lo que hay que hacer a favor de lo que se debería de hacer aprenden a labrarse su ruina y no su supervivencia. Ya que una persona que busca hacer siempre el bien encontrara su ruina entre tantos que no son buenos (Maquiavelo, El Príncipe, Capitulo 15).

Este pasaje nos revela algunos matices muy interesantes sobre su pensamiento sobre las filosofías políticas utópicas de gran relevancia para el análisis del ideal verde sobre la descentralización. A primera vista el pasaje hace referencia a Platón y a su más importante obra política La Republica en un intento por marcar distancias con la antigüedad. Sin embargo, hay, según algunos estudiosos del pensamiento de Maquiavelo, un subtexto subyacente a este pasaje.

Según Mansfield, el rechazo por parte de Maquiavelo de la tradición platónica en política refleja también su rechazo de la política de las “palabras” o la “retórica” en favor de una política de “acción”. El valor político normativo al que se adhiere Maquiavelo, tal y como veremos cuando analicemos su otra obra filosófica política principal Los Discursos, es la Republica Imperial de Roma. Al oponerse a la filosofía de Platón, Maquiavelo yuxtapone la política de “acción” romana a la política “retórica” y de “palabras” de la republica de Atenas que Platón representa intelectualmente. Esta política de “palabras” de Atenas no solo contribuyo a su destrucción, según Maquiavelo, sino que también la llevo a incurrir en numerosas contradicciones, hipocresías, injusticias y dobles-raseros morales (los cuales debilitaron su forma de régimen político tanto ante sus ciudadanos como sus súbditos). En La Guerra del Peloponesio, Tucidides, por ejemplo, narra como Atenas, tras invadir una ciudad-estado griega preventivamente para impedir que esta pudiese aliarse con Esparta, desoyó los llamamientos de esta ciudad implorando la paz aduciendo que ambas ciudades tenían en común que ambas eran republicas y democracias. Atenas desoyó esta suplica de la parte contraria argumentando que “La democracia es para nosotros, para vosotros solo existirá la esclavitud”. El doble rasero de esta anécdota histórica es evidente y habla por si mismo dando, hasta cierto punto, algo de peso a los argumentos de Maquiavelo.

Sin embargo, la crítica de Maquiavelo de las filosofías políticas utópicas va más allá de estas meras contradicciones éticas. Atenas no solo representa los problemas inherentes a una política de “palabras” utópica y alejada de la realidad sino que también representa a uno de los regimenes políticos más descentralizados de la historia de la humanidad: la Grecia clásica. La división de Grecia en ciudades-estado llevo a sus habitantes a un proceso interminable de guerras civiles auto-destructivas, además de aflorar las contradicciones y doble-raseros implícitos en sus ideales políticos. Este largo conflicto no finalizo hasta que estas mismas ciudades fueron sometidas al gobierno de la Republica Imperial de Roma. Finalmente, a otro nivel, la comparación del destino final de Grecia sirve a Maquiavelo para establecer un paralelismo entre la filosofía política utópica y los regimenes políticos descentralizados, con la situación política en su Italia renacentista natal. Si Italia sigue dividida en ciudades-estado descentralizados, Maquiavelo parece decir implícitamente, la Italia renacentista sufrirá el mismo destino que la Grecia de la antigüedad. Es decir, pasara a ser la colonia de un sistema político mas centralizado.

El contexto histórico del pensamiento Maquiavélico: la Italia descentralizada del Renacimiento

La Italia en la que vivía Maquiavelo era, económicamente, la región mas prospera de Europa. Las ciudades-estado del Renacimiento controlaban la mayor parte del comercio europeo, el naciente negocio bancario, y los sectores de manufactura más prósperos de la época como el textil por no hablar de la creación artística en todas sus manifestaciones. A pesar de que Italia era la principal potencia económica de Europa en esta época, paradójicamente su sistema político era de los más débiles. La Italia del Renacimiento era un sistema político fuertemente descentralizado donde el poder estaba dividido entre una multitud de guerreantes ciudades-estado tales como el Ducado de Milán o las republicas de Génova y Venecia. El resultado final de esta división política era una serie de incesantes y debilitantes guerras peleadas a menudo por ejércitos mercenarios extranjeros a sueldo de las prosperas ciudades-estado.

No sorprende, en fin, que esta diabólica combinación de prosperidad económica e inestabilidad política hicieran de Italia un territorio fértil para la expansión de estados-nación económicamente más débiles pero políticamente más fuertes tales como España y Francia. Resulta interesante también que la complicada situación política en la que se encontraba Italia fuese interpretada por muchos pensadores políticos de la época también en clave teórica o normativa. La lucha entre las distintas ciudades-estado de Italia era vista en gran medida como una pelea entre republicas libres y ducados o estados-nación tiránicos. Para muchos pensadores políticos del Renacimiento, pues, la supervivencia, la seguridad y el interés económico no eran la principal motivación de las desavenencias entre los distintos sistemas políticos que confluían en Italia sino lo que llamaríamos en la actualidad la “ideología”.

Maquiavelo no solo se mostraba muy critico con esta interpretación “ideológica” de la situación política en Italia sino que también mostraba una verdadera preocupación con las implicaciones practicas de este caos político. Como segundo canciller de la Republica de Florencia bajo el “gonfaloniere” Piero Soderini, Maquiavelo se había dedicado al delicado arte de la diplomacia viajando por toda Italia y Europa intentando forjar alianzas que pudiesen resultar en el fortalecimiento político de su ciudad natal. Sin embargo, en 1512 la familia Medici, con la ayuda de tropas españolas, derroto al bando republicano del que Maquiavelo formaba parte convirtiendo la republica de Florencia en un principado. Este acontecimiento clave en la vida de Maquiavelo tuvo como resultado la perdida de su cargo político, su tortura y encarcelamiento, y, finalmente, su exilio interno. Fue en este contexto que Maquiavelo se decidió a escribir sus dos trabajos filosóficos principales. El Príncipe constituye de hecho un sublime intento infructuoso de ganarse el favor de los nuevos gobernantes florentinos. Los Discursos, ya abandonada la esperanza de recuperar su lugar en el nuevo orden político, es un análisis de la situación política en la Italia del Renacimiento mediante una comparación diacrónica de esta época con la situación política reinante en la Republica de Roma antes de su conversión en imperio.


Uno de los principales argumentos de Maquiavelo en las dos obras es que la división política de la Italia del renacimiento estaba llevando a la región a su desaparición o sumisión indirecta a poderes extranjeros tiránicos. Su receta para evitar este desastre consistía en recomendar la unificación de Italia por la fuerza, la astucia o cualquier otro método que fuese necesario. Normativamente, Maquiavelo prefería el régimen de gobierno republicano para Italia como veremos mas adelante. Sin embargo, ante la gravedad de la situación, Maquiavelo estaba dispuesto incluso a que fuese un rey o un déspota el que unificase Italia, siempre y cuando este la librase de sus invasores y unificase a toda la región entorno a un único gobierno.

En suma, enfrentado a lo que el consideraba un dilema a vida o muerte, Maquiavelo escribe en el capitulo 26 de El Príncipe titulado “Exhortación para unir Italia y librarla de los Bárbaros” lo siguiente,

Habiendo considerado todo lo que hemos discutido hasta ahora, y reflexionando sobre si en Italia es el momento adecuado para un nuevo príncipe, y si existe la oportunidad para que alguien prudente y virtuoso introduzca una forma de gobierno que le confiera honor a el y el bien para la comunidad, me parece a mi que existen muchos factores que tienden a redundar en beneficio de un nuevo príncipe. De hecho no conozco un momento mas apropiado para su advenimiento. Y, tal si como antes he dicho, la virtud de Moisés solo pudo florecer cuando el pueblo de Israel estaba esclavizado por los egipcios, y como Ciro aprendió a ser grande gracias a la opresión de los persas por los medas, y como Teseo se hizo grande con la dispersión de los atenienses, así en el presente ha llegado el momento de conocer las verdaderas virtudes del espíritu italiano ya que ha sido necesario que Italia llegue a su presente estado que es el de estar mas esclavizada que los hebreos, ser mas servil que los persas, estar mas desperdigada que los atenienses, sin cabeza, sin orden, machacada, despedazada, saqueada y soportando todo tipo de ruinas.

Maquiavelo debe ser leído, a la luz de este pasaje, como un feroz critico de la descentralización. Por la unificación de Italia Maquiavelo esta incluso dispuesto a sacrificar sus valores republicanos. Como testigo de las consecuencias negativas de una excesiva descentralización política y aun reconociendo que el sistema había contribuido a la grandeza económica y cultural de la Italia del Renacimiento, Maquiavelo llega a la conclusión de que Italia esta sembrando las semillas de su propia destrucción. De ahí la importancia del pensamiento político de Maquiavelo para el debate verde sobre la descentralización. Si la descentralización es el medio para un fin o un fin en si mismo que facilite la sostenibilidad ecológica de las sociedades humanas del futuro este puntal ideológico debería de tener en cuenta o responder a las criticas de uno de sus mas formidables oponentes teóricos.

La critica de Maquiavelo de la descentralización

La mayor parte de la argumentación de Maquiavelo sobre la descentralización puede encontrarse en Los Discursos. A grandes rasgos El Príncipe recoge las reflexiones de Maquiavelo sobre los “medios” mientras que Los Discursos se centra en sus reflexiones sobre los “fines”. Puesto que los verdes no parecen haber cerrado el debate sobre si la descentralización es un medio o un fin en su ideario parecería que tendríamos que recurrir a una discusión de las ideas expuestas en ambos libros. Sin embargo, es importante aclarar que la oposición de Maquiavelo a la descentralización se centra principalmente en su papel como un “fin” político deseable. No es sorprendente, por lo tanto, que en El Príncipe, un libro sobre “medios”, Maquiavelo se dedique a discutir los métodos para acumular y centralizar el poder político en torno a un poder omnímodo. Lo contrario, digamos una discusión sobre como un príncipe pujante podría devolver parte del poder al pueblo o a otros componentes del sistema político, simplemente ni se considera ya que el “fin” en si mismo, una Italia descentralizada no es considerado como un “fin” valido por Maquiavelo.

Para Maquiavelo el examen empírico definitivo de la validez de un sistema político es su resiliencia, su capacidad para sobrevivir en un mundo hostil marcado por cambios constantes y a menudo impredecibles (¿el cambio climático, las revoluciones, las guerras, etc.?). En los primeros capítulos de Los Discursos Maquiavelo evalúa todos los tipos de regimenes políticos que han existido en la historia occidental (republicas, principados, reinos, imperios) bajo este criterio crucial e imprescindible. Al final de esta discusión, Maquiavelo concluye que solo existen dos alternativas exitosas para la consecución de un régimen político perdurable y fuerte. Ambas son variantes de la forma de gobierno republicana. El primer modelo valido que Maquiavelo postula seria el de la Republica de Roma. El segundo seria el ofrecido por Esparta en el mundo antiguo y Venecia en el mundo contemporáneo de Maquiavelo. En el capitulo 6 del libro I de Los Discursos Maquiavelo razona,

Si alguien quisiese fundar una republica, tendría que determinar si esta debería de expandirse, como Roma, o si al contrario debería de ceñirse a unos limites determinados. En el primer caso seria necesario diseñarla al modo romano…En el segundo caso debería de ser diseñada como Esparta o Venecia, pero como la expansión es un veneno, el que la fundase debería de prohibir que esta adquiriese mas posesiones ya que este sistema fundado sobre una republica políticamente débil la llevaría a la ruina. Sin duda, yo creo que si el tema pudiese ser concebido de este modo este último seria el modelo ideal de vida política y el modo mas pacifico de vida civilizada. Pero como todas las cosas de los seres humanos están en movimiento perpetuo y no pueden permanecer estables, ya que inevitablemente los sistemas políticos ascienden y caen: a muchas conclusiones a las que la razón no te lleva la necesidad te obliga. Así cuando una republica que ha sido diseñada para mantenerse confinada a un territorio se ve obligada a expandirse por necesidad esto socava sus cimientos y hace que caiga antes…Yo creo que es necesario, por lo tanto, implantar el modelo romano y no el de otras republicas.

Una vez mas este pasaje esta cargado de implicaciones para el debate verde sobre la descentralización. Maquiavelo ve el modelo representado por Esparta o Venecia como demasiado utópico o idealista. En un mundo ideal lleno de republicas libres, independientes, no expansionistas y sin escasez de recursos Esparta y Venecia podrían vivir tranquilas en paz y libertad. Pero para Maquiavelo, estos sistemas a medio y largo plazo están destinados al fracaso ya que en un mundo inestable, hostil y con escasez de recursos un sistema político cerrado en si mismo y que se impone limites a la hora de expandirse hacia nuevos territorios es imposible. Aunque estas republicas decidiesen conscientemente renunciar a la expansión siempre vivirían pendientes de otras republicas o regimenes políticos tiránicos expansivos. Mas tarde que temprano la necesidad política llevaría a estos regimenes digamos que “sostenibles” a enfrentarse a regimenes expansionistas seguramente no sostenibles. La conclusión para Maquiavelo es inevitable, las republicas expansionistas son mejores que las republicas no- expansionistas a la hora de garantizar su propia supervivencia en un mundo en que la supervivencia ante las “necesidades” impuestas por la limitación existente de recursos pasa por la universalización del sistema no-expansionista o a la guerra con regimenes expansionistas tarde o temprano. Con este sencillo, pero sólido, razonamiento Maquiavelo defiende el modelo de la Republica Imperial de Roma normativamente. Las republicas de este tipo garantizan algunas de las virtudes que todas las republicas atesoran (la libertad para sus ciudadanos, la paz y estabilidad internas, la justicia egalitaria sin privilegios, etc.) sin disminuir sus posibilidades de supervivencia en un mundo hostil a menudo plagado de regimenes tiránicos y expansionistas.

El sistema político descentralizado de ciudades-estado independientes del Renacimiento italiano es utópico, por lo tanto, a juicio de Maquiavelo. Su supervivencia continuada solo seria posible en un mundo constituido por regimenes políticos similares sin ambiciones expansionistas. Pero, desafortunadamente, este no era el caso en la Italia de Maquiavelo ni, Maquiavelo argumenta, seguramente tampoco lo será en el futuro en ningún lugar del mundo mientras los recursos necesarios para la supervivencia sean limitados y escasos. En un mundo marcado por la escasez los sistemas descentralizados no-expansivos solo pueden existir por un tiempo limitado y bajo circunstancias muy concretas. Inevitablemente, las virtudes de estos sistemas y las libertades que generan para sus ciudadanos, llevan a su prosperidad material y su prosperidad material atraerá a los sistemas, quizás pobres y toscos pero políticamente centralizados, expansionistas. Este es el destino de todos los sistemas políticos para Maquiavelo: la expansión o la desaparición.

Argumentos de Maquiavelo a favor de la descentralización

Tras estas reflexiones tan sombrías cabe preguntarse si la descentralización tiene algún sitio en la filosofía política de Maquiavelo. Sorprendentemente, y tras todas sus criticas al concepto, si que parece haberlo. Habiendo establecido en el libro I de Los Discursos la superioridad del modelo de la Republica Imperial de Roma, Maquiavelo pasa en el libro II a explicar como Roma pudo reconciliar sus dos valores fundamentales, la libertad y la vocación de expansión universal, para garantizar la supervivencia de su sistema político. Tal y como dice Maquiavelo, “Una ciudad que quiere vivir en libertad debe tener dos objetivos-uno expandirse, dos mantenerse libre” (Libro I, Capitulo 29). Maquiavelo encuentra en la historia tres ejemplos de republicas que intentaron reconciliar esto dos valores con desiguales resultados: la confederación de republicas etruscas, la republica imperial romana, y las republicas imperiales de Esparta y Atenas.

Maquiavelo, como no puede ser de otra manera, defiende la superioridad del segundo modelo, el romano,

El segundo modo de proceder solo ha sido observado por los romanos. Ninguna republica que busque expandirse puede adoptar otro modelo ya que la experiencia nos demuestra que no existe otro más eficaz y coherente (Libro II, Capitulo 4).

El tercer modelo, el de Esparta y Atenas, fracasa, según Maquiavelo, porque es imposible expandirse solo por la fuerza y a base de sumir a los pueblos conquistados en la esclavitud y la servidumbre. El razonamiento es sencillo, si se sigue este método la expansión nunca podrá mantenerse ya que las fuerzas militares de la republica solo podrán nutrirse de sus propios ciudadanos debido a que los pueblos conquistados nunca podrán ganarse la condición de ciudadanos. El modelo confederativo etrusco, aunque atractivo, también fracasa, según Maquiavelo, aunque en este caso debido a la aparición de un modelo todavía más exitoso; el de Roma.

La clave del éxito del modelo romano se basa en expansión mediante la búsqueda de políticas de alianzas con socios. Es en este sentido que Maquiavelo encuentra una utilidad práctica para el concepto de descentralización como “medio” que no como “fin”. Los socios de la republica imperial podían mantener sus propias leyes y derechos aunque debían de ceder el derecho a decidir sobre temas de seguridad al gobierno central y mantener la imagen de marca (Roma) en sus relaciones con otros sistemas políticos que no formaban parte del imperio. Como decía Maquiavelo, “Roma tenia socios pero ninguno dudaba que el rango, el centro del poder y el desarrollo de nuevas empresas era responsabilidad de Roma” (Libro II, Capitulo 4). Cuando Roma se hacia con nuevos territorios Roma permitía que estos mantuviesen sus costumbres, su religión y sus leyes, mientras que estas costumbres, religiones y leyes no contradijesen la naturaleza misma del sistema jerárquico. Los romanos conferían a sus socios los mismos derechos y libertades que tenían los romanos y además les concedían un amplio margen de auto-gobierno e incluso la ciudadanía. Sin embargo, el poder de hacer nuevas leyes y la garantía de su cumplimiento (el ejercito) seguían siendo competencia exclusiva del poder central. Las provincias podían adaptar las leyes romanas a sus propias circunstancias pero sin violar el espíritu de las leyes romanas. Esta era la libertad que Roma consideraba compatible con su fin ultimo y supremo de supervivencia; una descentralización limitada concedida a los que eligiesen ser socios, y no enemigos, de la republica imperial.

Conclusión: El concepto verde de descentralización reconsiderado a la luz del pensamiento político Maquiavélico

Las reflexiones de Maquiavelo sobre la descentralización ponen de relevancia un aspecto critico del proceso político al que pocos pensadores verdes sobre el tema se han enfrentado; el tema de la seguridad. La maximización de la seguridad, y la supervivencia, es el pilar clave sobre el que cualquier diseño de sistema político futuro se debe de construir. Esto no quiere decir que esta deba ser la única preocupación de un sistema político. Al revés Maquiavelo defiende que el sistema debe de garantizar un cierto grado de libertad para sus ciudadanos ya que sin esta libertad la prosperidad del sistema no esta garantizada y tampoco su supervivencia a largo plazo, por lo tanto. En el régimen político ideal de Maquiavelo, la republica imperial romana, ambos valores se retroalimentan reforzándose mutuamente. La descentralización mal entendida, sin embargo, puede llevar, para Maquiavelo, a la debilitación de la seguridad del sistema en el nombre de la libertad lo cual puede llevar a la extinción del sistema que no sepa armonizar ambos valores.

Algunos pensadores verdes han advertido este problema. Alexander, por ejemplo, escribe,

Los grupos sociales raramente están enraizados en una región particular: constantemente estos se están desplazando y migrando. Los galeses y los bretones pueden parecer los ocupantes bioregionales auténticos de sus respectivas bioregiones, pero llegaron hasta ahí desplazando a otros habitantes aun mas primordiales. Este proceso de migración y conquista es una constante en la historia de la humanidad. ¿Cómo encaja esta realidad con la teoría verde bioregionalista? (Alexander, 1996: 4).

La misma cuestión se podría formular respecto a aquellos verdes eco-anarquistas que demandan la descentralización de los estados-nación actuales y el establecimiento de eco-comunas o ciudades sostenibles o incluso a aquellos partidos verdes que defienden la auto-determinación de algunas comunidades o naciones en sintonía con partidos de carácter nacionalista.

Incluso la vertiente verde europeísta ha rendido pleitesía a la ideología descentralizadora. El principio de subsidiaridad de la Unión Europea implica que las decisiones políticas deben de tomarse al nivel mas descentralizado posible. Sin embargo, esto contradice la visión mas “realpolitik” de estos mismos verdes cuando se trata de imponer una normativa mas unificada y estricta a nivel europeo para obligar a todos sus territorios a cumplir estas reglas. ¿O es que los derechos de los animales no deberían ser iguales en todas las regiones que conforman la Unión? ¿Y la seguridad alimentaría? ¿Y las emisiones de carbón? ¿Quizás algunas regiones de la Unión deberían de ser más tolerantes con la presencia de dioxinas en los alimentos que otras por razones culturales o de auto-determinación? Inevitablemente, tarde o temprano, la contradicción entre el deseo normativo de descentralizar chocara con la necesidad de garantizar la seguridad de todos los ciudadanos.

El pensamiento político de Maquiavelo concluye que solo los sistemas políticos diseñados para expandirse pueden sobrevivir y mantener sus libertades. Un verde podría a lo mejor argumentar contra esto que la limitación de todo crecimiento es la única oportunidad que tiene la libertad política para sobrevivir en los tiempos actuales en los que parecemos haber alcanzado los limites ecológicos del planeta. Algunos pensadores verdes han argumentado que la autosuficiencia también podría hacer a estas teóricas republicas verdes invulnerable a cambios impredecibles en el comercio y los ciclos económicos internacionales (Stephens et al., 2006). Pero el dilema político observado por Maquiavelo seguiría estando ahí presente. ¿En un mundo en que la ausencia de un gobierno mundial sigue siendo la norma como se podría garantizar la seguridad de un régimen republicano no-expansivo ecológicamente sostenible y deliberadamente auto-limitado en su territorialidad? Inevitablemente, y en el caso de que este régimen pudiese alcanzar la sostenibilidad ecológica, la autosuficiencia económica y la libertad política este régimen tendría que buscar la expansión ya que, si no, sus riquezas ecológicas, económicas y políticas serian deseadas y anhelada tarde o temprano por regimenes políticos que no hubiesen sido tan aplicados y disciplinados en la consecución de estos objetivos. Según Maquiavelo, los regimenes descentralizadores verdes solo tendrían una opción viable ante esta cruda realidad. La de diseñar un sistema político que permitiese su expansión universal para así incorporar a nuevos socios en la tarea de crear sistemas políticos de gobierno ecológicamente sostenibles. Dicho en Román paladino, el ideal ecologista será internacionalista o no será.

 

Bibliografía

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